Nota: me gustaría que leyeras este mensaje y lo sintieras en ti, reconociendo si este es tu momento y este es tu lugar.

Inicio compartiendo una frase que mueve cada una de mis fibras. ‘’Las aves del mismo plumaje vuelan juntas’’. Precisamente, ese vuelo será tan alto cuando entre ellas se alineen de manera sincrónica para ir más lejos y tomar mayor altura. Así mismo cuando éstas aves no están alineadas tanto las del frente como las de los laterals, el viento puede con su fuerza dispersar al grupo poniendo en riesgo a los pequeños que vuelan en medio y con ello arriesgándose a que se extingan. Por tal motivo, un ave sabe ser ave, un pez sabe ser pez, el mar cada día se levanta y sabe hacer olas, el sol sabe que su deber es alumbrar y sale a nutrirnos y alimentarnos con su calor. Y tú ¿sabes ser tú?

De allí surgieron interrogantes de mi vida hace ya más de 13 años, cuando me cuestionaba como la naturaleza de forma perfecta y alienada trabajaba gracias a sus memorias celulares, sin ambición, culpa o angustia; cuando sales a observar un ave, ella no está pensando en las cuentas por pagar, en la infidelidad, el abandono o la carencia. El ave simplemente es ave y lo es porque no olvida de dónde viene y aunque no sabe para donde va, su seguridad está depositada en sus alas y en esos ancestros que dejaron un rastro en su memoria biológica instándola al vuelo… a ir más lejos; sin embargo dependerá del ave misma garantizar su supervivencia y sobre todo perfeccionar su vuelo.

Descubrí que me encontraba completamente distante de mi manada de vuelo. Recuerdo que hace algunos años cuando  nos sentábamos en la mesa con la familia de una pareja que caminó conmigo en el pasado -donde ellos compartían sus éxitos con el padre de su familia y sus próximos proyectos- la sensación que esto me generaba era un temor profundo a que me preguntaran sobre mi familia, me avergonzaba completamente de mis raíces y de los resultados que habían obtenido en su vida ya que no provenía de una familia con dinero o con los estándares del éxito que exige la sociedad. Mi familia era millonaria en amor solo que eso en ‘la mesa del éxito’ no es tan valioso.

Omitía contar sobre mi familia, a que se dedicaban y muchas veces evitaba contar aspectos como mi formación profesional en instituciones públicas o los lugares donde había trabajado como vendedora de zapatos o planes de telefonía; intentaba aparentar lo que no era para que otros me amaran. Lo que no sabía es que en mi ausencia de reconocerme, a ese producto de mi mente que amaban fácilmente lo olvidarían porque no era yo genuinamente, era yo abandonando mi esencia intentando que mi herida natal de rechazo se calmara con compresas de agua fría o mejor de mentiras.

A la edad de 24 años empezó mi viaje de reconciliación con mis ancestros y mis hallazgos me llevarían a lugares de profundo dolor descubriendo que actuaba en piloto automático con unas consecuencias nefastas para mi economía, mis relaciones, mi salud que operaban en un piloto automático desde mi genética casi imperceptible pero así como en las aves su memoria biológica les recordaba como volar, en mi caso, mis patrones me conducían a fracasar en las relaciones ya que mis conductas eran exactas a las de las mujeres de mi linaje materno y mis finanzas eran manejadas desde las creencias del linaje paterno. A la hora de crecer o de invertir encontraba la manera de sabotearme en la cúspide con tal de ser leal a ese linaje de una manera absolutamente inconsciente. Saber todo esto me llevo a un gran click interno. 

Le puse un gran alto a mis acciones y definitivamente evité tomar cualquier decisión hasta indagar en mi árbol genealógico. Empecé un proceso de sanación, me liberé de las creencias limitantes de mi padre ya que yo soy su semilla y mi responsabilidad es dejar en esta tierra una huella desde el amor que será también su huella.

Ahondé en la forma en la que piensa mi mente y descubrí que mis decisiones financieras eran tomadas desde la carencia, honré a mi padre y madre: cuando comprendí que honrar es descodificar desde la comprensión, que nuestros padres se visten de trajes de dolor quizás de ausencia o presencia, que manifiestan sus miedos en nosotros como espejos con el unico propósito que seamos tan valientes incluso para trascenderlos; ellos se convierten en nuestra mayor oportunidad cuando les reconocemos, les otorgamos y les dejamos ir con amor. 

Entender que nuestros padres hicieron lo mejor que pudieron con la información en presencia o ausencia de ella que tenían en el momento de nuestra crianza, nos libera eternamente y nos convertimos en hijos de un propósito superior.

Reconocer, reconciliarme y trascender las limitaciones de mi linaje es aquello a lo que denomino ‘sacramento’ que para mí no es otra cosa que un sagrado momento. Cuando te despersonificas del dolor, de la mente, de la historia que te contabas cada día para sufrir un poco más, cuando te liberas de credos impuestos, de restricciones sociales o de religión ¿En quien te conviertes?. 

El propósito de este encuentro que sale desde lo profundo de mi corazón y me llegó como un rayo de luz que atravesó mi mente y -ya no pude pensar en otra cosa que en crearlo- es llevarte al mar para que te liberes y a tu linaje, sembremos juntos una nueva semilla y luego seas bendecido en cada uno de tus centros energéticos por un ser humano de absoluta sabiduría y amor en el mar.

Mi invitación de HOY es para TI, que algún día en el pacto del alma tomaste la bandera para liberar a tu linaje y estás aquí convencido de que ‘la vida es mucho mas de la leve superficie que vemos’. 

¡Nos vemos para un nuevo momento de tu existencia que se escribirá con gloria y júbilo sobre la faz de la tierra!.

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