Y un día la princesa se salvó a sí misma y vivió feliz para siempre.

Y un día la princesa se salvó a sí misma y vivió feliz para siempre.

By Anahid

Ella, sus miedos, su sombra, sus debilidades y fortalezas. Ahora ella se vestía de sí misma y eso la hacía más hermosa que cualquier carruaje o vestido. Su belleza provenía desde su centro y eso la hacía eterna, disparatada, loca, divertida, soñadora y buscadora de su verdad… fin de la historia.

Un camino largo el que anduve los últimos años, donde me perdí, me encontré, me ahogué, me fallé, me odié, me perdoné, me amé y me llené tanto de mí hasta que estuviera lista para compartirme con otros.

25 kilos de más me dejó mi posparto, me hago absolutamente responsables de ellos. Comí para llenar un vacío. No me tenía a mí misma y era todo lo que me faltaba. Esta es una historia real. Cuando tuve a Orión no me pasó cómo funciona en las redes sociales, mi cuerpo no volvió en tres días a ser como era, mi autoestima estaba tan debilitada que cualquier comentario o comparación aniquilaba en mi cualquier esperanza.

Lo probé todo. Fajas, geles, intentos fallidos de dietas (lo cual es imposible lactando) sientes que se te va acabar el mundo si no comes como un elefante. Todo lo que fuera satisfacción inmediata así como llegó, fracasó. Las fajas no duraron más de dos días, me molesta la sensación de estar apretada, lactando me asfixiaba y lloraba angustiada entre la baja y el ardor de la lactancia. Las rompí y las lancé a la eternidad 😂 allí donde jamás las iré a buscar. Los geles me irritaron, las dietas hacían un efecto rebote.

Un día con los ojos hinchados de llorar y lamentarme (de lo que pensaba era desdicha), pasé al frente de algún espejo de mi casa, me quedé fijamente mirando esos ojos hinchados y me dije “la mujer del espejo necesita ayuda” y yo se la voy a dar.

Comenzó una reconquista impecable conmigo, alimentarme consciente y consentirme de paso la barriguita. Hidratarme más, escuchar si mi deseo de algo dulce era el escape de algo amargo que pasaba en mi vida. Aprendí a escuchar mi cuerpo de tal forma que entendí qué desea y qué me hace bien.

 

Hoy día continúo trabajando con mi acné. Le tengo plenamente identificado a esta hermosa alerta de mi cuerpo, siempre se manifiesta cuando quiere sacarme de algún lugar, o quiero alejarme de personas o situaciones que me desagradan. Es mi forma de decir soy invisible.

El amor creció y los kilos bajaron, mi diálogo interno se volvió tan amoroso que soy selecta en las batallas que emprendo, elijo tener paz a tener la razón. Valoro cada esfuerzo y abrazo cada desacierto. Me cuento chistes internos, me halo la oreja cuando como mucho chocolate. Me miro y digo ¡wao Ana lo estás haciendo muy bien.
Vamos por El cuerpo volvió a su estado natural, no al de antes. Ahora tengo unas bellas estrías que me dejaron las cicatrices del campo de batalla, donde solo los valientes colocamos la mejilla sobre la arena, sudorosos y adoloridos para después poner las rodillas y levantarnos con la frente en alto. Mis 60 kilos están de vuelta y lo que más añoré, mi energía una vez que desteté volvió como un motor para propulsar un cohete 🚀 al espacio infinito.

Este mensaje es para ti, date el chance de volver, el cuerpo sana, las cicatrices se desvanecen mas la experiencia queda y con ella toda su sabiduría que como dice mi mentora, no es otra cosa que el sabor de la vida (sabiduría). No siempre mi vida se viste de playas ni de yates, algunas veces de noches oscuras y de dolores profundos. Sin embargo en el borde de la playa después de la tormenta te digo TODO PASA. Y si te tienes a ti misma que más falta?.

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